21 de abril de 2013

Dakar (Fann Hock). 00.04.

A unos 30 kilómetros al este de Dakar, junto a una pequeña localidad llamada Niaga, se encuentra el lago rosa. Realmente el agua es rosa (o más bien granate) y el hecho está relacionado con la alta concentración de sal que hay. También puedes flotar fácilmente. Merece la pena verlo de cerca.

El entorno es espectacular y muy variado; además del peculiar lago, tienes desierto y playa en menos de un kilómetro. Si quieres pasar unos días, puedes alojarte en un hotelito (Le trarza) por un precio razonable y unas instalaciones muy adecuadas, además de estar en la misma orilla del lago. Aunque puedes recorrer toda la zona a pie para disfrutarla tranquilamente, también puedes alquilar quads, montar en dromedario (o camello arábigo), recorrer el desierto y la playa en camión… eso sí, esto ya cuesta pasta y, personalmente, me parece que pierde bastante encanto. Creo que es más ameno caminar por las dunas, llegar a la playa, charlar con los lugareños…

Niaga, el pueblecito más cercano al lago es más parecido al resto del país que Dakar. Pequeño, pero con unos siete mil habitantes (un montón de críos) y zonas caóticas llenas de gente, tráfico, caballos, vacas, gallinas… Y con infinidad de nuevas casas en construcción que denotan el rápido aumento de la población del país (el promedio de hijos por mujer es superior a cinco actualmente). En cualquier caso, es bastante fácil desenvolverte en el pueblo, la gente te facilita mucho las cosas.

Así que, sí, otro sitio muy recomendable para visitar en Senegal, prefieras turismo de mochila o de todo en uno.

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12 fotos. Marzo 2013.

31 de marzo de 2012

Yaoundé (Bastos Quartier). 18:13.

Resulta que en Camerún está prohibido llevar pantalón corto en los edificios oficiales. No hay distinción entre hombres y mujeres y tampoco tiene que ver con religión; es más como una cuestión de “ser serios”: ahí dentro no se enseña la pierna y punto. Y aquí no sirve – como en otros sitios – enseñar unos miles de francos, más que nada porque hay mucha gente entrando y saliendo y sería demasiado evidente. Así que, entrando en la oficina de inmigración, un señor mayor vestido de militar – aquí la mayoría de policía y ejército se hacen sus propios uniformes comprando las telas y demás complementos- te dice amablemente que le parece muy bien que no lo sepas pero que : “esto es Camerún; te vas, te compras un pantalón largo y vuelves”. Así que, aprovechando que estoy cerca de un mercado, veo a un chaval con cuatro pantalones en la mano; 4000 francos cada uno. Unos 6 €. Compro unos, me los pongo encima y al volver, el mismo señor mayor vestido de militar me recibe de nuevo sonriente: “Ahora sí, pase usted”. Una vez dentro, las cotidianas esperas de entre 2 y 3 horas en unas instalaciones bastante precarias e insuficientes para la cantidad de gente que hay. Sólo para pagar y sellar un papel. Eso sí, cuando terminas, todo el mundo está alegre y has ganado algunas amistades.

Aquí, en los tiempos de espera, la gente no suele estar pendiente de algún dispositivo portátil de última generación como en España. Puedes ver periódicos o algún libro, pero la mayoría de la gente lo que hace es charlar tranquilamente. De política, de deporte, del mercado… La gente aquí no tiene tanta vergüenza o miedo para hablar durante unos minutos con unos desconocidos. Hay tiempo de sobra. También es habitual que cuando estás sentado en una terraza, alguien, de cualquier edad y condición, te pregunte si puede unirse al grupo. Si aceptas, ganas una conversación casi siempre interesante. Pero tampoco se molestan si les dices que no. Aquí, cuantos más amigos, mejor. Aunque sólo sea por unas horas.

Son peculiares los sonidos de Yaoundé. Además de la gente y el tráfico durante el día, el sonido de diferentes animales e insectos es constante; cuando amanece, además de los puntuales gallos, puedes escuchar infinidad de pájaros distintos con sonidos extrañísimos y numerosos murciélagos que oscurecen el cielo durante unos minutos creando un estruendo increíble. Un gran espectáculo con varios pases diarios. Durante el resto del día, aparecen nuevos pájaros. Es alucinante: los hay de mil formas y tamaños distintos. Algunos parecen de una película de ciencia ficción. Y, por las noches, se escuchan muchísimas – y enormes – ranas por encima de cualquier sonido. He leído que en Camerún y Guinea Ecuatorial se encuentran las ranas más grandes del mundo, Goliat las llaman, llegando a pesar hasta 3 kilos. Todavía no me he cruzado con ninguna y espero que continúe así, porque me dan un asco terrible esos bichos. Pero escucharlas a diario es inevitable.

El cabalgar, el viajar y el mudar de lugar recrean el ánimo.

Lucio Anneo Séneca (2 AC-65 DC). Filósofo romano.